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domingo, agosto 17, 2008

Nimrod:el hombre que desafio a Dios


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Alrededor del año 3000 a.C. el rey Nimrod fundó la ciudad de Babel, desde donde comenzó a gobernar la tierra en abierto desafío a Dios.

Nimrod era hijo de Kus, nieto de Cam y bisnieto de Noé y pasó a la historia como un célebre cazador, gran guerrero y despótico opresor.

La descendencia de Noé se había diseminado por lo que hoy es Armenia, en torno al monte Ararat, migrando hacia las despobladas regiones del sur y las que se sitúan al oeste del río Tigris.

La ciudad de Babel
En el país de Sinear destacaban las llanuras fértiles sobre las que Nimrod decidió edificar su ciudad; una simple población que, con el paso de los años, se convertiría en capital del imperio más poderoso del mundo, Babilonia, cruel y perversa metrópoli, desde la que gobernarían feroces tiranos como Nabonasar, Nabucodonosor, Nabopolasar y Nabonid.

El desafío de Nimrod
Según la tradición, Nimrod hizo la guerra a la descendencia de Jafet, la esclavizó y le arrebató todas sus tierras. Y desafiando con soberbia a Dios, ordenó construir una gran torre con el doble propósito de escapar de un segundo diluvio, en caso de que el Supremo Hacedor decidiese castigar nuevamente a la humanidad. Al mismo tiempo, pretendía alcanzar el Cielo, para invadir la propia morada del Creador.

“Venid, hagamos ladrillos, y cozámoslos al fuego. Y se sirvieron de ladrillos en lugar de piedras, y de betún en vez de argamasa; y dijeron: Vamos a edificar una ciudad y una torre, cuya cumbre llegue hasta el cielo; y hagamos célebre nuestro nombre antes de esparcirnos por toda la faz de la tierra”

Es evidente que Nimrod pretendía llegar hasta la mismísima residencia de Dios, desplazar su autoridad y lanzarse a la conquista del mundo.

La destrucción de la torre
Y así fue que comenzaron los babilonios la colosal edificación, levantando una torre como jamás había visto el hombre.

Supo el Altísimo el desafío que se le hacía y decidió bajar a la tierra para castigar tanta insolencia.

“Y descendió el Señor a ver la ciudad y la torre que edificaban los hijos de Adán, y dijo. ‘He aquí, el pueblo es uno solo, y todos tienen un mismo lenguaje; y han empezado esta fábrica, y no desistirán de sus ideas, hasta llevarlas a cabo. Ea, pues, descendamos y confundamos allí mismo su lengua, de manera que el uno no entienda el habla del otro”

Cayó la ira de Dios sobre Babel y se desplomó la gran torre provocando indescriptible espanto. Y ocurrió que la gente, dejó de entenderse y se dispersó por todas las regiones llena de espanto y temor.
Edificaciones como el presente zigurat recuerdan vagamente lo que podrían haber sido la forma y el aspecto exterior de la Gran Torre, no sus dimensiones, que fueron colosales


La cruel Babilonia
De esa manera, el Padre de todo lo Creado castigó la soberbia del hombre y su actitud desafiante frente a la suprema autoridad.

Con el correr de los siglos Babel, ya convertida en Babilonia, fue el epicentro de la Tierra, cruce de caminos y núcleo de detestable perversidad. Hacia allí fue llevado el Pueblo Elegido en doloroso cautiverio. Desde allí partieron crueles ejércitos para oprimir las naciones. Allí reinaron la orgía y la lujuria y la abominación tuvo su trono.

Condenada por los profetas, odiada por todos los pueblos del mundo, acabó sus días arrasada por sus enemigos y reducida a polvo y ruinas, tal como lo predijo el profeta Daniel: “Ha numerado Dios tu reinado, y le ha fijado término [...] Has sido pesado en la balanza, y has sido hallado falto [...] Dividido ha sido tu reino, y se ha dado a los medos y los persas”


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